dilluns, 1 de febrer del 2010

un dia más sin sentido alguno

la luz tenue de la habitación golpeaba en su frente. Él, como cada día, residía sentado en esa silla culpable de su dolor de espalda. Se pasaba la mañana sentado en ella, revisando a desgana esos documentos que su jefe le había entregado a primera hora, siempre la misma columna de hojas, igual de larga y aburrida. El olor a puro quemado se adueñó años atrás de su despacho, el qual sólo albergaba una mesa siempre llena de hojas en desorden y un pequeño ordenador de color amarillo a causa de los años en ese despacho.