
el joven señor paseaba por la ladera de la calle, alli donde los coches no salpicasen el agua que caía incesante, era de noche, y los faroles intentaban dar luz a una calle sin fin. el señor llegó pronto a su casa, mojado, llamó a la puerta sin esperar respuesta, ya que nadie lo esperaba allí dentro. buscó las llaves en el bolsillo de detras de los pantalones, abrió la puerta sin prisas. el piso estaba a oscuras, frío como la noxe y todo estaba donde lo había dejado antes. de repente el teléfono sonó con todas sus fuerzas, sin parar. el señor, tranquilo, fue en su busca. preguntó quién era. nada. solo era publicidad.